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En la última década, las criptomonedas evolucionaron, ¡de rareza tecnológica a boom financiero mundial! Bitcoin, Ethereum, junto con miles de iniciativas, ¡acapararon! inversores, gobiernos y los medios. Sin embargo, con inflación desbocada en muchas economías —una situación, ¡que carcome! el poder de compra y estresa los mercados convencionales— surge una pregunta importante: ¿Tiene sentido invertir en criptos con precios descontrolados, ¿verdad?

La respuesta… no es simple. Depende, de como veamos las criptomonedas, su relación con la inflación, ¡y claro! el riesgo de cada inversor. Vayamos a los argumentos, ¡pro y contra!

1. Inflación, ¡el enemigo silencioso del dinero fiat!

La inflación… una perdida de poder adquisitivo, por naturaleza. Si suben los precios de bienes y servicios, tu efectivo… ¡vale menos!. En escenarios inflacionarios, tener ahorros en cuentas bancarias… se convierte en pérdida real.

Como resultado, los inversores exploran activos refugio buscando: instrumentos capaces de preservar valor o hasta incrementarlo cuando el dinero se devalúa. Clásicamente, el oro ha jugado ese rol, aunque, recientemente, muchísimos se inclinan hacia Bitcoin, una alternativa más actual.

Bitcoin se distingue por un tope máximo de emisión, 21 millones de unidades, lo que lo vuelve resistente a la emisión descontrolada de dinero. Teóricamente, esa escasez programada debería defenderlo de la inflación, similar al oro, cuyo suministro es limitado por la naturaleza. Aun así, la realidad muestra diversas aristas.

2. ¿Criptomonedas, un refugio anti-inflacionario?

En teoría, Bitcoin y otras criptomonedas “duras” —o sea, con oferta acotada—, potencialmente actuarían como resguardo contra la inflación, dado que su valor no se sujeta a bancos centrales ni a políticas monetarias. La verdad, de los años recientes, es más complicada.

Durante los picos inflacionarios de 2021 y 2022, cuando los bancos centrales empezaron a alzar los tipos de interés con tal de frenar los precios, las criptomonedas cayeron estrepitosamente, a la par de las acciones tecnológicas.
Esto mostro una clara relación entre el mundo cripto y los activos de riesgo, al menos, por un tiempo.

¿Por qué? Porque, la mayoría de los inversionistas institucionales miran las criptomonedas como activos de apuesta, no como un lugar seguro. Cuando sube el temor al riesgo —como aveces ocurre con la alta inflación o inestabilidad económica— el dinero suele irse del sector cripto para invertirlos en bonos del Tesoro, o a efectivo.

Sin embargo, a largo plazo, Bitcoin a evidenciado una valorización notable contra las monedas tradicionales. Desde que salió en 2009, su valor creció bastante más rapido que la inflación promedio mundial, aun, con una volatilidad muy alta.

3. La diferencia entre Bitcoin y el resto del mercado cripto

Hay que tener cuidado, no todos en el mismo saco. Bitcoin, en su diseño, intenta ser una reserva de valor. Ethereum, se enfoca más en la infraestructura digital y las finanzas descentralizadas (DeFi). Otras criptomonedas tienen propósitos más especulativos o que buscan experimentar.
En este ambiente inflacionista, solo las criptos con un suministro escaso, una seguridad bien sólida y una adopción mundial amplia, quizás podrían soñar con ser un refugio seguro. Hoy por hoy, casi que solo Bitcoin califica, y quizás Ethereum, aunque esta última no posee un tope en su emisión.

También están las stablecoins, esos activos digitales que intentan mantener una paridad con las monedas fiat como el dolar. Su misión no es resguardar contra la inflación mundial sino dar estabilidad dentro del universo cripto. En lugares con hiperinflación o monedas locales muy débiles, como Venezuela o Argentina, las stablecoins se utilizan para preservar el valor frente a la devaluación de la moneda local.

4. Criptos: cobertura parcial y diversificación

Aparte de funcionar como un refugio directo, las criptomonedas podrían tener sentido en una cartera diversificada como cobertura parcial frente a políticas monetarias expansivas. Si la inflación se debe a la impresión desmedida de dinero y a la falta de confianza en las instituciones, estos activos descentralizados brindan una alternativa interesante.

No obstante, por su volatilidad, no deberían constituir un porcentaje demasiado grande del portafolio, pienso.
Muchos asesores, sí, ellos mismos, sugieren un porcentaje del capital total entre 1% y 5% en criptomonedas, suficiente; para participar, si la apreciación ocurre, sin poner en riesgo la estabilidad inversión, en general.

5. Riesgos a tener en cuenta

Invertir en criptomonedas, ¡en un periodo de inflación! También tiene riesgos, riesgos que no deberian ignorarse:

Volatilidad muy extrema: Los precios pueden cambiar más de un 10%, subir o bajar, ¡en un solo día!

Falta regulación, muy clara: A pesar del cambio, el entorno regulatorio sigue siendo incierto… aún.

Riesgo tecnológico: Hackeos, errores en los contratos inteligentes o, también, la pérdida de claves privadas; pueden causar perdidas totales.

Dependencia de la confianza: El valor de las criptomonedas depende, completamente, de la confianza de los usuarios, ya ven. Si, por desgracia, esa confianza se va, el precio puede caer, ¡boom!.

A diferencia del oro, con sus milenios de historia, como reserva de valor, el mercado de criptos, por otro lado, todavía construye su reputación, como quien dice…

6. Escenarios donde sí tiene sentido

Hay contextos específicos, donde invertir en criptomonedas durante la inflación, puede tener muchísimo sentido:

Países con monedas inestables, en economías con inflación crónica o controles de capital, las criptomonedas y stablecoins pueden ser una vía, para preservar valor o acceder a dólares digitales.

Horizontes a largo plazo, para quiénes creen en la adopción global de Bitcoin o blockchain, los períodos inflacionarios pueden ser oportunidades de compra, quizás.

Diversificación frente a políticas monetarias expansivas, si los bancos centrales vuelven a imprimir dinero para estimular la economía, los activos escasos como Bitcoin podrían beneficiarse; no lo creen?.

En conclusión, invertir en criptomonedas en tiempos de alta inflación, puede tener sentido, pero no como una apuesta total ni como un refugio infalible. Más bien, como un complemento dentro de una estrategia diversificada, especialmente para quienes buscan exposición a activos descentralizados y creen en su adopción futura.

Bitcoin y algunas criptomonedas pueden ofrecer protección frente a la devaluación del dinero a largo plazo, pero su volatilidad las hace inadecuadas para quiénes necesitan estabilidad inmediata.

En definitiva, las criptomonedas no son el nuevo oro, pero tampoco un simple espejismo financiero. Son una herramienta poderosa —y aún en evolución— para quienes entienden su naturaleza y están dispuestos a asumir sus riesgos.

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